¿Vamos por el buen camino?
Cuando uno gira la cabeza para mirar al pasado, le produce vértigo observar lo rápido que pasa el tiempo. Así uno no deja de sorprenderse cuando contempla como en el año 2007 cumplirá la tercera temporada dentro del pelotón profesional Arkaitz Durán Aroca. Este mocetón alavés será uno de aquellos ciclistas que esté constantemente en boca del aficionado en los próximos años. Y no deja de ser curiosa la circunstancia, ya que a pesar de su juventud y de su inexistente palmarés, se hablará de él independientemente de que triunfe o fracase en este complicado mundo de las dos ruedas.
Esa etiqueta distintiva de ciclista especial que nos lleva a contemplarlo con lupa, tuvo el dudoso honor de colocársela Josean Fernández “Matxin” el día que decidió ofrecerle un contrato de cuatro años de duración con el equipo Saunier Duval-Prodir cuando todavía era ciclista en edad juvenil.
A nadie dejó indiferente las palabras de “Matxin” cuando anunció la incorporación de Arkaitz Durán, nada más y nada menos, que para el conjunto profesional. Unas supuestas condiciones físicas excepcionales para este deporte, avaladas por el entonces médico de Saunier Duval-Prodir y preparador del joven ciclista, Iñigo San Millán, decían que el joven ciclista arrojaba a tan temprana edad los valores físicos de un ciclista profesional de nivel medio-alto. Están, por otro lado, aquellos que opinaban y opinan que la incorporación del ciclista se debía única y exclusivamente a razones publicitarias, puesto que lo inusual del fichaje atrae a los medios y permite a Saunier Duval-Prodir un jugoso espacio en prensa que se repite cada cierto tiempo.
Arkaitz Durán Aroca nació un 19 de Mayo de 1986 en Vitoria-Gasteiz (Álava) y es hijo de Benito Durán Corbacho, uno de los mejores especialistas nacionales de ciclo-cross en la década de los ochenta y principios de los noventa. De tal palo, tal astilla que se suele decir. A ciencia cierta y a pesar de pertenecer al mismo árbol genealógico, las similitudes entre ambos se limitan tan sólo al apellido, puesto que cualquier parecido entre los dos es pura coincidencia. Por un lado, observamos la elegante planta del joven Arkaitz, su estilo refinado sobre la bicicleta y una personalidad que dista mucho de aquel menudo, aguerrido, orgulloso y vivaracho ciclista que fue su padre. Todo nervio sobre la bicicleta, con un estilo en el que primaba el empuje por encima de las exquisiteces.
Y la verdad, es que si algo los ha unido en estos últimos años, ha sido el empecinamiento del padre en llevar al hijo hasta el campo profesional. Desde las primeras pedaladas del vástago, el padre ha llevado al hijo de la mano, pasando por las diferentes categorías en conjuntos que se alumbraban exclusivamente por y para su hijo y desaparecían cuando éste cambiaba de categoría. Incluso, ya en la categoría juvenil, causó un gran revuelo, ver como este joven alavés, emigraba a tierras cántabras en busca de mayor competitividad ciclista enfrentándose a lo más granado del pelotón nacional a lo largo y ancho de la piel de toro, cosa que no podía hacer en su provincia por la obligatoriedad de tomar parte en la totalidad de las pruebas del calendario provincial, que a todas las luces, se le quedaba pequeño en vista de la facilidad con las que se imponía constantemente.
Y es que aquel Benito Durán que trabajaba y entrenaba por la noche con la luz que permitía el alumbrado público, intentó proporcionar a su hijo todas los medios que estuviesen en su mano para que llegase a lo más alto, e incluso en ese afán, cometió la insensatez de apartarlo de los estudios para centrarlo totalmente en la bicicleta.
El ciclista debutó en la categoría profesional un 29 de Mayo del 2005 en su propia casa, concretamente en el GP Llodio. No pasará a la historia como el ciclista nacional que pasó directamente de la categoría juvenil a la profesional, puesto que hasta esa fecha estuvo compitiendo en la categoría amateur, pero el contrato que firmó en la categoría juvenil con el equipo profesional Saunier Duval-Prodir le otorga esa etiqueta de por vida.
En las categorías inferiores, hizo acopio de un buen número de victorias, pero la verdad sea dicha, en las pruebas importantes no demostró en ninguna ocasión la supuesta calidad que atesoraba. Nunca obtuvo ninguna presea en los diferentes Campeonatos de España en ruta en los que participó, y a un primer año en el que confirmó todo lo bueno que venía apuntando el la categoría cadete, le siguió un último año en la categoría juvenil, que con problemas físicos de por medio, no fue todo lo que su progresión ciclista presuponía. Tampoco los resultados internacionales pasaron del anonimato, y ni que decir tiene, que un ciclista juvenil, con unos supuestos valores físicos de un ciclista profesional de nivel medio-alto, debería haberse mostrado con una mayor autoridad ante otros ciclistas de su edad, que en su mayoría no poseen esos supuestos y destacados valores a edad imberbe. El ciclista participó en los mundiales de Hamilton (Canadá) 2003 y Verona (Italia) 2004 y esto dice mucho en favor de sus cualidades, ya que no es sencillo mantener un nivel tan alto durante los dos años de permanencia en la categoría, pero a decir verdad, en la segunda temporada el no haberlo incluido en el combinado nacional, no hubiese sorprendido a nadie.
Parece que fue ayer mismo, pero en esta su tercera temporada en el profesionalismo hará el debut en su primera grande, la Vuelta a España. En su día firmó un contrato por cuatro años en los que la formación ciclista iba a primar por encima del cualquier resultado. La lógica escalonada del ciclismo hubiese dicho que era más adecuado pasar ese tiempo o parte de él en la categoría amateur, sin embargo el se iba a saltar ese peldaño e iba a hacer ese proceso formativo en la categoría profesional. Es un caso tremendamente excepcional, pero que nada tiene de negativo, siempre y cuando la planificación sea conducida con el criterio prioritario del cuidado al ciclista. Sin embargo, cuando contemplamos que ha disputado pruebas realmente importantes, uno se pregunta si el ciclista está siendo llevado por la senda correcta.
Como el propio Arkaitz Durán ha comentado en varias ocasiones, a día de hoy, no tiene motivos para pensar que algún día no pueda ser un vencedor del Tour de Francia. Todavía queda mucho para ese futuro día, si es que llega alguna vez, pero paulatinamente los ciclistas del año 1986 se van incorporando al ciclismo profesional y abriendo su propio hueco dentro de los equipos más elitistas. El más notable de todos los pertenecientes a esa generación, es, hasta la fecha, Gerald Ciolek (T-Mobile). Este ciclista alemán se dio a conocer cuando pasado de la categoría juvenil y enrolado en el equipo AKUD Arnolds Sicherheit obtuvo el Campeonato de Alemania del 2005 por delante de Robert Förster y de todo un Erik Zabel. Potencia, desparpajo, arrojo y valentía son sus atributos ciclistas, con los que conseguido el título de Campeón del Mundo Sub´23 (Salzburgo 2006), que lleva bajo su brazo a su nuevo conjunto, T-Mobile, conjunto alemán que siempre ha destacado, entre otras cosas, por contar siempre con algún gran velocista en su filas. Su futuro se vislumbra esplendoroso en cuanto a sus posibilidades de victoria en las pruebas que se vean abocadas a un sprint masivo.
Pero si hay un equipo que verdaderamente ha apostado por la generación del 86 ha sido el conjunto italiano Liquigas, concretamente con los ciclistas Eros Capecchi y Roman Kreuziger. Ambos ciclistas han pasado por las categorías inferiores destilando gotas de clase en cada pedalada que han traducido en grandes logros internacionales.
Eros Capecchi guarda una fisonomía similar a la de Arkaitz Durán, incluso Josean Fernández “Matxin” intentó incorporar a “Cape”, pero tanto Eros como Chiara Capecchi entendieron que lo mejor para su futuro era incorporarse a la disciplina del equipo italiano Liquigas y cortesmente dijeron no a la oferta del Saunier Duval-Prodir.
Y es que es precisamente eso, el futuro, lo que se siembra en estos momentos. Todos los caminos son finalmente buenos si llevan al lugar deseado, pero salta a la vista que el de Arkaitz Duran no guarda similitud con el del resto de ciclistas de su misma edad y categoría. Cuando uno observa donde ha tomado parte el ciclista alavés no puede evitar pensar que la exigencia de las pruebas en las que participa no está en la teórica senda del camino correcto. Por el lado contrario, en el equipo de Roberto Amadio se mima a Capecchi o Kreuziger llevándoles a competir en pruebas de segundo nivel en las que aprender y progresar adecuadamente en este deporte. El ciclista alavés ya sabe como se las gastan en pruebas exigentes como París-Niza o Vuelta al País Vasco, donde incluso fue protagonista el día que la carrera llegaba a su casa, o en pruebas de la categoría y la historia de Flecha-Valona, Lieja-Bastogne-Lieja, Amstel Gold Race o París-Tours.
La verdad es que el ciclista no ha mostrado carencias, y bien podría pasar por uno de esos jóvenes de 24 años que acceden al profesionalismo tras varios años en la categoría amateur, pero Arkaitz Duran ni tan siquiera había cumplido todavía los 20 años cuando disputó algunas de ellas.
Josean Fernández “Matxín” dio un paso al frente en su momento ante las críticas por la incorporación y dejo claro a todo el mundo que estaba convencido de las cualidades y posibilidades de este joven ciclista sobre el que tiene una inquebrantable fe, personalizando totalmente en su persona la responsabilidad de la contratación. En su opinión el tiempo pone a cada uno en su sitio y el lugar de Arkaitz estará dentro de los importantes del mundo del ciclismo. Personalmente me conformo, que cuando el tiempo ponga a cada uno en su sitio, al joven ciclista no le corresponda el rincón de los juguetes rotos.
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